domingo, 16 de enero de 2011

El Western

De la Constitución de 1863, que Víctor Hugo calificó para ángeles, de la Constitución de 1886 de Nuñez, centralista y confesional para garantizar la unión y el catolicismo, y de la de 1991, que garantizó el estado social de derecho, mas sus leyes y demás jurisprudencia, va surgiendo el “Colombian Western” donde están al día los anuncios de recompensa y se busca para perseguir criminales que hacen prevalecer en nuestra banana republic la ley la pistola más rápida y la economía de la pepitas de oro. ¿Falta algo más para la película de pistoleros del salvaje oeste de inocultable influencia norteamericana?


viernes, 14 de enero de 2011

Evolución

Cómo un pájaro, descendiente a de los extintos dinosaurios,
Aprendió a cantar al lado de una fuente,
Sobre la rama de un árbol florecido,
Acrisolados trinos que parecen describir el paisaje que le rodea.

El Piélago

Leo a Foucault, "Las palabras y las cosas". Pero para entenderlo, dadas la reiteradas alusiones debo leer antes a Descartes, y revisar a Condorcet, Condillac y Destuft. Algo de Buffon y de Bacon y de sus libros también se requiere. Por supuesto, partir de la teoría básica de Platón y Aristóteles para comprender el sentido de la antiguas y nuevas epistemés. Cierro el libro del que pretendí abusar y caigo en el piélago del Génesis, contemplando el árbol del bien, del mal y del saber.

viernes, 7 de enero de 2011

¿Por qué mataron a Cuchillo si era tan buen muchacho?

¿Se puede destruir la eticidad propia de un pueblo para crear una sociedad sin ética?, se pregunta Rodolfo Kusch. Había respondido antes Manuel González Prada: “Le conservamos en la ignorancia y la servidumbre, le envilecemos en el cuartel, le embrutecemos con el alcohol”, lo cual traduciría: Iglesia, milicia y trago.

Bautizado en la pira bautismal por el Santos de moda como “el asesino de asesinos” escamoteándole el mote que tenía de “Cuchillo”, del cual se había hecho adjudicatario por matar a sangre fría mediante el degüello de sus víctimas, este hijo legitimo de la católica sociedad colombiana se había formado en la milicia regular de país, o sea, el Ejército. Era sindicado por las autoridades de la responsabilidad de unas 3.000 muertes –su amigo y antiguo jefe Jorge Pirata que reside en la Modelo precisó la cifra en 1.500, cifra modesta pero de vinculación directa- y responsable de una 10.000 desplazados.

En su huida, tuvo responsabilidad etilica el wishky Chivas 20 años que lo sumergió en el caño Siare con su pistola de cachas de oro con incrustaciones de diamante, en inmediaciones de los Departamentos del Meta y el Guaviare, corroborando el principio filosófico del maestro Hair Leal de que “el que a hierro mata a hierro muere pero puede resultar ahogado".

jueves, 6 de enero de 2011

“De esta vida nadie sale bien librado”*

Murió Mercedes. Es la primera persona que conozco que se muere así, de una manera tan fulminante. Bueno, “fulminante” sería suficiente, el “tan” viene a sobrar frente a este adjetivo tan cortante y rotundo, que apenas deja como la humareda en la boquilla de una pistola. Escasamente hace unos quince días supe que estaba enferma y que Oscar, su esposo, la había llevado al Seguro por un malestar crónico. Quince días atrás el médico que la revisó la envió para la casa con la receta de un laxante porque manifestó sensación de congestión estomacal. ¡Cómo le pararían de bolas ante una dolencia mortal!

Pero unos días después de nuevo se sintió mal y Oscar tuvo que traerla de urgencia. Su estómago había crecido y no podía comer casi nada. Empezaron a hacerle exámenes con más cuidado y los médicos que la trataban se abstuvieron de emitir algún diagnóstico hasta no obtener los resultados de los exámenes.

Mi hija que es médica y había venido el fin de semana a saludarnos, supo del estado de salud de Mercedes y fue a visitarla hasta Buenavista, una vereda cerca a la ciudad, que queda arañando la cordillera a unos 1.100 metros sobre el nivel de mar. Se trataba de una visita social, sobre todo. Sin embargo cuando regresó a la casa venía impresionada: “Papá, creo que ya sabemos lo que tiene Mercedes: es un cáncer de hígado y, si se confirma, contra eso no hay nada qué hacer”.

Días después seguí obteniendo noticias esporádicas de su salud. Los médicos no hacían un diagnóstico claro pero se especulaba de un cáncer en el páncreas. Practicaron una biopsia y la enviaron a Bogotá y quedaron pendientes. Una técnica de dilación. A Oscar se le achicaba el corazón escuchando las noticias escuetas de los médicos y empezó a temer lo peor. Su familia se reducía a Mercedes, Laura, su hija –a quien vi crecer en el vecindario mientras vivimos en Buenavista- y él. Un gigantón de un metro con ochenta, barbado pero que pese a su apariencia, era un hombre bastante tranquilo y pacífico que vivía en torno a Mercedes quien, en los últimos años en que los cercó la angustia económica, mostró más entereza y energía que él.

Cuando los conocí a los dos eran dos personas muy diferentes. De alguna forma, la fortuna les sonreía y tenían más o menos todo lo necesario. Vivían con modestia en una casita de cuentos infantiles, la mayoría de ella hecha en madera. Siempre tuvo una aviso de “Se Vende” por no sé qué capricho de Oscar, que sin embargo nunca la vendía. Habían vivido en Buenavista como se dice toda la vida y en el fondo dudábamos que se irían algún día. No divertíamos los fines de semana, tomábamos en torno a fogatas y nos reíamos mucho. Mercedes tenía una risa especial, si no es que siempre se nos ocurre eso de las personas que fallecen. Se reía fácil de las cosas simples y era una persona muy calmada. Nunca que recuerde la vi molesta. A veces un poco concentrada, en los últimos años, cuando pasaba por la casa en compañía de Laura. Oscar, por problemas de nervios, a raíz de su afición a la bebida, había vendido un campero que manejaba y desde entonces su economía se vino a pique.

Entonces Mercedes se había dedicado a hacer pequeñas costuras en su casa, trabajó en una despulpadora de fruta, peluqueaba a los vecinos y quizás, por la misma situación dura por la que pasaban, se acercó mucho a la iglesia en la vereda pero no se quejaba. Era estoica.

Esta mañana vino mi suegro, después de un largo fin de semana esperando los resultados de la biopsia. Me dijo que venía de la clínica y que Mercedes había acabado de morir. Caímos en el silencio.

Lo que me pregunto es si Mercedes se murió por la enfermedad o por la miseria en la que estuvieron viviendo. Primero porque tal vez no tuvo la atención médica necesaria. Y segundo, porque acercarse uno tanto a la iglesia pero perder fe y las ganas de vivir es muy mala señal y muy mal síntoma para conservar la vida.

Oscar se demolerá y quién sabe cómo va a sobrevivir a este golpe. Como decía la escritora Dorothy Parker, “Que se sepa, de esta vida nadie sale bien librado”


Escritora y Dramaturga Dorothy Parker

jueves, 2 de septiembre de 2010

Olivia


Mónica Ostos tenía la exacta apariencia de Olivia, la novia de Popeye. Al principio no lo noté y solo vi en ella a una alumna más de Comercio Internacional. Era espigada y se recogía el cabello con un moño esmerado, estilo años cincuenta.



Era un tanto insignificante y por muchas clases no le presté atención. Se confundía con el resto de muchachas pero, cierto formalismo, una tendencia a actuar, hablar y moverse con sobriedad y elegancia, hicieron que resaltara en su grupo.

Tenía los ojos pequeños y oscuros; sus labios eran delgados y acentuaban la pulcritud de su temperamento.

No sé si serían simples impresiones mías; a lo mejor, otras personas, solo observarían en ella a una adolescente desmirriada. Pero el trato constante en clases, el intercambio de preguntas y respuestas, me hicieron ver en ella más cosas de lo que otros podían ver a primera vista.

Su cuerpo, aunque era delgado, estaba bien delineado.

Un día antes de su clase de gimnasia, pude observarla en la puerta del salón de clase. LLevaba un pantalón corto, una camiseta blanca de lana y tenis. Sus piernas eran delgadas, finas y sin estrías. Poseía unas caderas proporcionadas y con gracia.

Tuve el súbito deseo de acercarme a ella. De pronto se volvió sobre sí y quedamos parados uno frente al otro. Me salió una risa malévola no sé de dónde mientras la contemplaba bajo la órbita de mi cuerpo alto y robusto.

Hizo una mueca y se apartó de mí.

Caminaba con energía, procurando alejarse lo más pronto posible, y fue cuando tuve la revelación de que era exacta a Olivia, así se llamara Mónica.

En las siguientes clases toleró mal mi presencia pero su desaire solo inflamaba más mi deseo de rodear con mi brazo su delgada cintura y robar de sus labios la miel de un beso.

Desafortunadamente y con los días, nuestra relación derivó hacia la acechanza y la huida.

Se escapaba de mí como una gacela; resbalaba por los pasillos y laboratorios de la universidad; nos encontrábamos, casi chocábamos por intención mía en las salidas de auditorios después de conferencias; la expiaba en el gimnasio y la veía reir con otros de lejos, en la cafetería.

Sobrará decir, a estas alturas, que estaba rudamente enamorado de Mónica.

Mi osadía llegó a su límite el día de la fiesta de aniversario de nuestra institución educativa. Cerca a la Oficina de Bienestar, nos encontramos de súbito, sustraídos del grueso de la gente, solos, uno frente a otro: intentó huir, pero su cintura ya estaba en mis brazos y mis labios buscaban su boca. Me dio unos tiernos puños en el pecho, y por supuesto, esto me excitó aún más. Chilló un raro nombre y de pronto alguien me apartó bruscamente y puso en uno de mis ojos un golpe que me sonó a locomotora enfurecida y resonó como yunque castigado.

Quedé sentado en el suelo, con una rodela negra en mi ojo, tratando de reponerme, mientras Mónica me espetaba agriamente:

¡Brutus! ¡Brutus! ¡Eres un patán! ¡Vamos, Popeye!

Un joven rubio, alto y cuajado de Ingeniería Industrial, la había rescatado en sus brazos. Me dieron la espalda y se marcharon.

Me rascaba la cabeza, tratando de recordar dónde había leído que la realidad supera la fantasia.

Brutus.

martes, 2 de marzo de 2010

Qué tan civilizadora fue Europa

Las empresas más formidables de "civilización" emprendidas por Europa en América, Africa y la India,han sido, en términos reales, empresas de barbarie y sometimiento. Veo un documental sobre El Congo, y la relación con el libro "En el Corazón de las Tinieblas", de Conrad, un europeo que se le achicó el corazón de ver tanta barbarie en nombre de la civilización, y me acuerdo de América y su proceso de sometimiento y dominación por Europa, un camarilla de ampones, medio letrados, acicateados por la fiebre del oro que saquearon, torturaron; conjurados con la religión para acabar con una cultura ambientalista, pacífica en la mayoria de los casos, armoniosa de los nativos americanos.

Estos dos procesos de colonización, así como el tema de la India, podrían ser un buen principio para emprender una empresa de revisión sobre el papel de Europa y su proceso "civilizador" en el mundo. Y los resultados, ademas, que hoy saltan a la vista en el libre mercado y el modelo de desarrollo arrasador.

Sería muy bueno confrantarlo a su Eurocentrismo, a la sensación de que sin ellos, otro mundo no habría sido posible. Lo cual, ha podido ser una de la grande tragedias de la humanidad.